Connect
Una comunidad pequeña y elegida
Aquí no vas a encontrar testimonios ni logotipos de empresas miembro. Lo que hay es cómo se va a construir la comunidad —quién entra, qué se espera y qué no—, que es lo que de verdad la define.
Por qué esto importa más que el mobiliario
Un coworking se elige por la mesa y se abandona por la gente. O al revés: se aguanta una silla incómoda durante años si al lado hay alguien con quien merece la pena comer.
La diferencia entre un sitio donde se alquilan mesas y una comunidad no es el programa de actividades. Es si alguien te contesta cuando preguntas algo, y si te apetece quedarte a comer. Eso no se monta con un calendario: se monta eligiendo quién entra y qué se espera de cada uno.
Cinco reglas de la casa
Están escritas desde el principio a propósito. Una comunidad se define por lo que no permite, y eso hay que decirlo desde el principio.
Se entra hablando
Antes de dar de alta a nadie nos sentamos media hora. No es un filtro de prestigio ni un examen: es para saber qué estás montando y para que tú sepas quién va a estar sentado al lado. Es la única barrera que habrá, y es deliberada.
Mezcla, no monocultivo
Un sitio lleno de empresas de software es una oficina grande, no una comunidad. Buscamos que convivan perfiles que normalmente no se cruzan: producto, derecho, audiovisual, datos, diseño, industria. Ahí es donde aparecen las conversaciones que sirven.
Nadie vende a nadie
La comunidad no es una lista de clientes. Quien use el espacio como coto de caza comercial se lo diremos una vez, y no habrá una segunda. Es la regla que más rápido destruye un coworking cuando no se aplica.
Se pide y se devuelve
Si preguntas, contesta cuando te pregunten. Nada más. Es lo único que separa a una comunidad viva de un grupo de gente que comparte impresora.
Tamaño con techo
Una comunidad deja de serlo cuando ya no te sabes las caras. Habrá un tope de socios, aunque quepan más mesas. Preferimos lista de espera a un sitio lleno de desconocidos.
Tres cosas que sí vamos a hacer
Ni gamificación, ni tablón de retos, ni app de comunidad. Tres rutinas sencillas que funcionan en sitios pequeños.
La comida de los jueves
Mesa larga, sin agenda y sin ponente. Quien quiera se sienta. Es el formato más barato y el que más funciona de todos los que hemos visto.
Presentaciones de dos minutos
Cuando entra alguien nuevo, cuenta en dos minutos qué hace y qué necesita. En dos minutos nadie se aburre y todo el mundo se entera.
Pedir ayuda en alto
Un canal donde se pide ayuda concreta y se responde. Sin normas de netiqueta de veinte puntos: si funciona es porque la gente contesta, no porque esté reglamentado.
Los formatos abiertos al público los contamos en la página de eventos.
Cuéntanos qué estás montando
La lista de interés es también la puerta de entrada a la comunidad: las conversaciones empiezan por aquí.
Hecho. Estás dentro.
Te escribiremos cuando haya novedades de verdad: local, fechas y apertura de reservas. Nada de boletines de relleno.
